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AVES => Foro general => Mensaje iniciado por: yo en 17 de Octubre de 2013, 02:57:23 pm

Título: Madre durante 37 días
Publicado por: yo en 17 de Octubre de 2013, 02:57:23 pm
Agnès Martínez Roncero, entrevistada por Núria Navarro, el periodico 11-06-10

El 25% de los prematuros extremos no salen adelante. Gerard peleó durante 37 días. Y junto a él, su madre, Agnès (Barcelona 1973), una mujer fortísima que el pasado marzo conoció el más desgarrador de los dolores, pero también supo del poder de los sentimientos.

-A veces nos olvidamos de sentir. Rousseau decía: "Si la razón hace al hombre, el sentimento lo conduce".
-Yo intento no recordar a Gerard en el último momento, porque no hay que estancarse en el inmenso dolor de la pérdida, sino que tengo muy presente lo bueno que él me dio. Me hizo sentir amor, felicidad, calma. Lloro mucho, claro. Pero también se me escapa una sonrisa al recordar cómo succionaba el chupetito mojado en glucosa. Gerard me hizo sentir madre. Y ser madre es instinto, es extrema ternura, es un sentimiento sin comparación posible. Eso nadie me lo podrá quitar nunca.

-Recordar no debe resultar fácil. Empezamos por el principio?
-Hace dos años mi marido y yo decidimos ser padres. Me quedé embarazada a los seis meses. Todo iba bien hasta que en la semana 20 tuve contracciones y alguna pérdida. Me recomendaron reposo, pero las contracciones seguían. Me ingresaron y al tercer día se rompió la bolsa y perdí a la niña. Al abrir la puerta de casa sentí el silencio y un inmenso vacío.

-Supo por qué había ocurrido?
-Nos hicieron todo tipo de pruebas y nos dijeron que todo estaba bien. Eso, que en sí era alentador, no me daba la respuesta que quería. Por qué se había roto la bolsa? En
verano volvimos a intentarlo y me quedé embarazada de Gerard en seguida. Empecé a contar las semanas. Cada lunes, al despertarme, me decía: "Una semana más". La ecografía de las 20 semanas salió estupenda. No quise hacerme la amniocentesis.

-Quería llevarlo resguardado.
-Si. Pero a finales de la semana 24 noté que algo no iba bien. La barriga estaba dura. Empecé a inquietarme. En la Dexeus confirmaron que tenía contracciones y que el cuello del útero se había acortado. El reto era llegar a las 28 semanas. Pero a la 26 las contracciones seguían. Yo notaba que mi hijo quería salir. Me iba repitiendo: "No puede ser, otra vez no". Me practicaron una cesárea de urgencia.

-El bebé nació bien?
-Gerard pesaba 950 gramos. Era guapo y fuerte. Respiraba solo. Empezamos a alimentarlo con mi leche. Pero a las 24 horas presentó problemas de estómago. Lo tuvieron que intervenir. Salió bien de la operación y empecé a hacer canguro. Pasaba horas teniéndole sobre mi pecho desnudo, dándole calor, mirándole.

-Un momento de intimidad.
-De comunicación completa. Una auténtica pasada! Pero el estómago era su punto débil. Lo tuvieron que volver a operar. Y aguantó. Continuó luchando. Iba aceptando la leche y aumentando de peso. Sin embargo, se presentaron problemas respiratorios. Y el estómago siguió fallando.

-No hay preparación para eso.
-La esperanza se mantiene. Durante esos días fui él. Vivía en un mundo aparte. Los pequeños avances me producían euforia, y los retrocesos me hundían. Le cantaba Alegría, de Antonia Font. Hasta que a Gerard se le declaró una enterocolitis necrótica. Intentaron operarlo por tercera vez, pero el equipo médico dijo que no era correcto seguir...

-La peor de las noticias.
-Entonces nos preguntaron si queríamos cogerle en brazos. Acompañarlo. Pedí que se lo dejaran a mi marido, y yo abracé a los dos. No sé cuánto tiempo pasamos así... Estábamos solos. Dos días antes de perder a Gerard, mi padre había superado un trasplante de médula. Quizá su muerte fuera la trágica contrapartida de la salvación del otro.

-Otra vez sintió el vacío.
-Esta vez fue diferente. Al volver a casa, mi marido y yo solo queríamos esfumarnos. No dar explicaciones a nadie. Nadie nos podía entender.

-Probablemente no.
-Nosotros desaparecimos. Compramos un billete a Nueva York y allí pudimos hablar de Gerard con calma. A la vuelta pedí el alta laboral.

-Una demostración de valentía.
-Hubo un momento en que pedí ayuda, no crea. Y al principio veía embarazadas y bebés por todas partes, y me sentía incapaz de quedar con dos de mis tres amigas del alma que tienen hijos. Pensaba: Por qué ellas sí y yo no? Vi que empezaba a superarlo el día en que quise ver a los pequeños. Hoy tengo una foto con ellos en el despacho. También llevo fotos de Gerard en el monedero.

-Está segura de que le hace bien?
-Lo estoy. Me dan mucha fortaleza. Y refuerzan la importancia de los sentimientos.