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Consultas de uso => SALUD => Mensaje iniciado por: yo en 16 de Octubre de 2013, 04:33:58 pm

Título: Cáncer, una visión multifactorial (II)
Publicado por: yo en 16 de Octubre de 2013, 04:33:58 pm
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–¿Cuántos cerebros tenemos en el cuerpo? ¿Cómo podemos usar este conocimiento a favor de nuestra salud?
–Está el cerebro primitivo, reptilíneo, que es el de la acción inmediata, el cerebro de huida. Este cerebro la mayor parte de las veces, en este mundo de tanta buena educación, en que se lleva tanto lo políticamente correcto, lo tenemos muy reprimido. Y sí que es cierto que la mayor parte de las veces hay que tenerlo… no reprimido, sino sanamente controlado. Pero también hay momentos en que hay que sacar el cerebro primitivo a la vida social. ¿Cuando qué? Cuando hay una violencia de género, cuando se nos está tratando mal psicológicamente, cuando estamos viviendo unos modelos insostenibles de comportamiento por parte de otros ¡pero también por parte de nosotros mismos!, cuando asumimos indebidamente todo lo que
nos llega, así como nuestros procesos interiores. “No necesitamos pegarnos con nadie, pero sí sacar la energía de supervivencia que nos está induciendo el cerebro reptilíneo. Cuando la escondemos, tenemos una vida mucho más infeliz. Así que vamos a aprender a confrontarnos con los demás. No hace falta ser violento, pero sí decir: “no voy a pasar por el camino que tú me estás diciendo, porque no me estás ayudando para curarme”, o “no me estás ayudando para ser más feliz”. El cerebro reptilíneo me ayuda a vivir una vida aquí y ahora con verdadera autenticidad. Hay gente que se muere porque se dice a sí misma que no puede cambiar de vida. Esta gente no actúa con el cerebro reptilíneo en absoluto. Prefiere morirse de un cáncer antes que decir: “lo mando a la porra todo; yo tomo el camino del medio, porque es mi camino y es mi vida”. Qué pena que no lo utilicemos, cuando nos puede dar la llave de la recuperación y nos puede llevar a un potencial de sanación infinitamente mayor que si no lo utilizamos.
“Por eso es importante que nuestro cerebro primitivo, el reptilíneo, el basal, esté lo  suficiente- mente expuesto hoy día en nuestra sociedad; no solamente para decir “aquí estoy”, sino también para defender el mesencéfalo o cerebro medio (el cerebro medio límbico) y el neocórtex (el lóbulo frontal). Si sacamos el cerebro reptilíneo éste va a modular a los otros  dos. Los tres se van a ajustar.
“El cerebro medio, el límbico, es el emocional. Si prevalece demasiado, si está desajustado, cualquier cosa nos sobrecoge, nos afecta, nos arroba…, nos maneja.
Nuestras emociones nos llevan al desastre: no sabemos procesar un problema, ni enfrentarnos a una situación; evidentemente tampoco sabemos tener unas buenas relaciones de pareja… Nuestras emociones hay que trabajarlas. El cerebro reptilíneo nos ayuda; por eso hasta la medicina actual más retrógrada te puede decir: “a correr, a correr; usted vaya al gimnasio
y cánsese”. Bueno, pues esa manifestación tan sencilla es cerebro reptilíneo. Porque tú con eso vas un poco a dominar la sustancia química límbica.
“El cerebro superior, que tiene cuatro días, nos va a producir la capacidad de razonar las cosas,
de sopesarlas. Ya lo sabemos todos; es el cerebro de la consciencia. Pero si solamente tuviera- mos ese cerebro nos volveríamos locos. No tendríamos pasión; probablemente existirían  muchos suicidios, porque ¿para qué valdría la pena vivir? El cerebro racional te dice: “dos y dos son cuatro”. Si dos y dos son cuatro y yo tengo tres, me falta uno, ¿no?; pues no quiero vivir, y me pego un tiro. Sería una manera de pensar meramente matemática, analítica, donde no habría lo emocional para sopesar lo racional, ni lo primitivo para proporcionarnos el instinto de la supervivencia.
–¿Hay alguna carencia vitamínica concreta que se pueda asociar con el cáncer?
–Por supuesto. Si una persona no tiene los suministros adecuados de vitamina A, C, E y K, probablemente tendrá diferentes tipos de tendencias que podrán ayudar a que salga esta enfermedad. Todas estas deficiencias vitamínicas crean en nuestro organismo un deterioro de nutrición en los órganos. Si hablamos de que el cáncer es multifactorial, si tenemos unas carencias vitamínicas, de minerales y de oligoelementos lógicamente esto nos va a llevar a ser proclives a un cáncer. También siempre digo lo mismo: podemos comer muy mal, podemos estar en condiciones infrahumanas… pero si somos felices, la carencia de las vitaminas no va a ser tan importante.
Pero bueno, vamos a ser sensatos, vamos a utilizar el lóbulo frontal y vamos a decir que realmente tiene una gran importancia la dieta, y por lo tanto todo lo que la compone.
–¿Qué nos puedes decir pues en relación con la dieta?
–Para mí los procesos de cáncer tienen que ver con una limpieza. En el ámbito mental, en la conciencia (es decir, empezar a coger una esencia de la razón  de nuestra vida). Entonces, todos los parámetros, todas las ideas, toda la información antigua que teníamos la tenemos que desechar. Tenemos que cambiar nuestra personalidad, seguramente, o quedarnos solamente con aquello que realmente es útil. Tendremos que modificar todo lo conductual. Y,
muy importante, tendremos que creer que nos vamos a curar. Estas son las mejores dietas, para mí. Además de eso, vamos a colaborar con una buena dieta alimenticia, por qué no.
“Para una persona que tiene cáncer sería adecuado eliminar la carne, los lácteos, los pescados, los azúcares, las grasas saturadas, los huevos… Propongo una dieta oncológica en que tenemos que estar libres de las proteínas (y el huevo también tiene proteínas. Si tenemos que tomar un huevo, que sea pasado por agua.) A partir de ahí tenemos para comer todos los cereales, todas las legumbres, todo el mundo de las algas.. Podemos ser vegetarianos, macrobióticos, y darnos algún capricho de vez en cuando, porque no queremos bloqueos interiores  que van a perjudicar más la información celular que si te comieras aquello que deseas. Si te apetece, una
vez al mes, o cada mes y medio, te puedes tomar un buen solomillo, o unas lonjas de buen Jabugo, o marisco…  No conviene que el tema de la dieta se vuelva algo obsesivo.
“No vamos a dar dulce a la persona con cáncer. El azúcar refinado, eliminarlo; incluso el integral diría yo. El cáncer se alimenta del dulce.
“Previamente a la dieta habremos hecho una limpieza del colon.
–Además de todo lo que hemos hablado, haces un trabajo con la energía… ¿Cómo lo haces?
–Conecto con la energía universal y la imparto. Voy moviendo mis manos por encima del cuerpo de la persona y en aquellas zonas donde Dios, el Universo, la sabiduría cósmica, me está diciendo que me pare, me paro. Y empiezo a jugar con esa energía ahí, y modifico toda la información celular del órgano afectado.
–Las regresiones a vidas pasadas ¿cómo contribuyen?
–No es un tema determinante, porque el 80% de las cosas son aquí y ahora; hablar de vidas pasadas no tiene mucha razón de ser… Pero en un 20% de los casos sí que es muy significativo. Así pues por si acaso vamos a ir, ¿no? Entonces con un trabajo de hipnosis, en un estado alfa pero con ondas theta, vamos a conseguir que la persona empiece a contarnos otras vidas. Igual la primera vez no, la segunda tampoco… Es un trabajito que vamos a ir haciendo poco a poco, sin agobiar al paciente. Pero también puede ser una regresión dentro de nuestra vida presente hasta que tenemos cero años, o hasta que estamos en el útero materno… Las regresiones nos van a dar información acerca del sufrimiento de nuestra alma, e incluso la lección que tenemos que aprender. Aunque parezca duro decir esto, quién sabe si hemos escogido tener el cáncer con el fin de aprender algo...
–¿De qué nos falta hablar?
–De la humildad. Es la base de todo. Hay que eliminar el ego. Primero hablar con él un ratito, y
luego eliminarlo. Para tratar un cáncer, si bien es cierto que tenemos que utilizar el cerebro primigenio para defendernos…, al final nos tenemos que abandonar. Abandonar al Universo, a lo divino. Si nos abandonamos a lo divino, ahí no tiene que haber ego. Cuando hay ego hay apego, y cuando hay apego hay miedo. Y el miedo es como el azúcar para el cáncer. No podemos decir “quiero curarme de un cáncer” y mantener prepotencia, necedad, estupidez,
arrogancia, el concepto de que soy el mejor del mundo… La humildad es un fruto fundamental del espíritu. Hay otros: amor, bondad, paciencia, benignidad, apacibilidad, tolerancia, compasión, autogobierno…
Pero la humildad no significa que te tengan que meter goles, ni significa que tienes que aceptar lo que otros dicen, ni que asumir pasivamente la situación, ni reprimirte... Más que asumir es mirar hacia adelante.
“Pero la humildad tiene un componente mayor: el reconocimiento. Es reconocer, aceptar, humildemente, el porqué estoy así, y qué es lo que tengo que cambiar. Y tengo que ser flexible. Para mí la humildad es igual a flexibilidad. Esa flexibilidad de que me voy a perdonar lo que me tenga que perdonar.
Perdonarme yo, perdonar a los demás si tengo que perdonar a alguien. Aunque más que  perdonar se trata de aceptar a mi prójimo, de saber transmutar, canalizar lo que ha ocurrido en mi vida. El perdón divino asume que la situación que hay que perdonar realmente ya quedó atrás. Yo, o alguien más, no hemos sabido hacerlo mejor, y vamos hacia adelante.
Todo ha sido un aprendizaje. Eso es humildad, reconocer al otro. Que al fin y al cabo es la sombra nuestra; ¡no es más que eso! Tengo que reconocer quién soy, qué es mi mundo, quién es el semejante, y que yo soy igual que mi semejante. Y a partir de ahí viene el cambio.
–Nos queda un último aspecto: tienes que realizar un trabajo importante con el enfermo, pero también realizas un trabajo con la persona que va a estar ahí, cuidándole…
–Claro. Mi trabajo no es solo con el enfermo de cáncer.
Yo voy a los hogares de las personas; con su consentimiento, claro. Tengo una consulta, pero a mi consulta van el 2% de las personas. Normalmente creo que el trabajo que ayuda a fusionar e integrar lo desintegrado, valga la redundancia, es hablar con la esposa, o con el esposo, con los hijos… Ver el marco en el que se desenvuelve el enfermo. Ver incluso las geopatías, las
energías que se están moviendo. Y los bajos astrales, que a veces están a niveles muy sutiles y pueden estar ocasionando enfermedades… Lo tenemos que ver todo.
–El principal desafío que habrá con los familiares en muchos casos ¿será evitar el ‘pobre de mí’ del enfermo?
–Sí; la autocompasión es otro alimento, al igual que el azúcar, al igual que tantas otras cosas, para el cáncer. Vamos a trabajar por la dignificación del enfermo, por el potencial del enfermo, por la revalorización del enfermo, y aumentar todo su potencial al máximo, que lo tiene mucho. Por eso hay que tocar la parte consciente y la parte inconsciente. Tenemos que tocar la parte vigílica y también la parte interior, la parte del trauma, que en ocasiones está también
dentro de la familia. Porque lamentablemente los mayores cánceres se desarrollan en las familias. Vamos a ayudar a las familias, no solamente a cómo tienen que ayudar al enfermo, sino también a ver qué problemas tienen, cada uno de los miembros, que hayan contribuido a esa enfermedad (sin culpabilizar a nadie). Vamos a sanar las relaciones familiares.
Esto también es vital.