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Entrevista a Valentín Oyarzábal - Cáncer Una Visión Multifactorial –Valentín, te defines a ti mismo como ‘psiconaturólogo’. ¿Qué significa? –Psiconaturólogo es una diplomatura que actualmente está en expansión. Porque el propio concepto es ilimitado. La psiconaturología tiene que ver con cómo tratamos a nuestro cuerpo dependiendo del nivel de conciencia que tenemos. Según cuál sea este nivel de conciencia vamos a tener como resultado una serie de enfermedades, unas afecciones a ciertos órganos. Se trata de una relación psicosomática. A partir de un aumento de nuestra conciencia vamos a respetar nuestro cuerpo. –¿Eres tú mismo un superviviente del cáncer? –En realidad sí que he tenido cáncer, durante diez años. Porque mi madre estuvo diez años con cáncer y yo viví el cáncer de manera medular, a nivel de conciencia, de alma. Ella sí que fue una superviviente del cáncer durante esos diez años. Me hizo meter, sentir, vivir, sufrir y resistirme a esta enfermedad. Así que yo he tenido cáncer, en esa empatía que todos tenemos con los seres más queridos. Realmente es factible coger un cáncer por empatía. A nivel estadístico, la persona cuidadora, que acostumbra a ser un familiar, tiene un 60% más de probabilidades de coger cáncer en los próximos cinco años. Es una de las muestras de la interrelación que existe entre consciencia, mente y cuerpo. –Tu madre decidió vivir hasta que tú cumplieses los 18 años, y lo consiguió… ¿Cómo lo interpretas? –Lo interpreto como el enorme poder que todos los seres vivos tenemos para ir más allá de cualquier eslogan, de cualquier predicción, de cualquier pensamiento que nos pueda inducir la sociedad. La gente asocia el cáncer con la muerte, aunque hoy día la gente está más animada por los resultados maravillosos que el mundo sanitario dice que tiene sobre los pronósticos de curación. –¿Qué es el cáncer? –Para la sociedad es sinónimo de muerte; para el mundo de la sanidad es una lucha fratricida contra un enemigo. Sin embargo yo no creo nada de eso. Tengo una plena conciencia espiritual de que el cáncer es la mayor de las oportunidades que se nos presentan en la vida para tomar un rumbo distinto; para tener una oportunidad de salir del verdadero sufrimiento, que puede venir dado por problemas laborales, o familiares, o problemas internos como conflictos o traumas… El cáncer es la oportunidad que se me presenta para pensar qué es lo que no está yendo bien en mi modelo de comprender, de actuar, de vivir. También me permite profundizar en lo que me ha pasado, en otros momentos e incluso en otras vidas. –¿Las personas tienen la serenidad de poder ver esto y concebir su enfermedad como un replanteamiento, en esos momentos precisamente tan chocantes? –No; y por eso está la figura de este tipo de terapeuta [el psiconaturólogo]. No vamos a decir que el terapeuta es el milagrero, porque no lo es. De hecho el terapeuta no hace nada; todo lo hace la persona. El terapeuta lo que va es a ayudarle a quitar ciertas telarañas del alma, de la mente, y darle opciones cuánticas. Las probabilidades de que sobreviva una persona enferma de cáncer son infinitas. Aunque pueda aparentemente ser complicado que un ser humano con esta enfermedad vea que puede tener una gran oportunidad para desarrollarse, con un método, con un trabajo constante, con una implicación del terapeuta, es posible que la persona dé un giro a su enfermedad y salga de ella. –Te he oído compararlo con una bronquitis, o con un constipado… ¿Por qué haces estas analogías? –Realmente un cáncer es una congestión, como lo es una bronquitis o un constipado. El cáncer es una congestión celular. No es más que un emponzoñamiento, una toxemia que nos está diciendo: “debo limpiar mi vida”. Debo limpiar mis órganos, claro, pero sobre todo debo limpiar mi vida. Cuando hablamos de ese tipo de limpieza estamos hablando de higienizar todo lo que tiene que ver con el presente, con el aquí y ahora. La información es la misma que la de la bronquitis, aunque algunos se puedan sentir aludidos por el menosprecio al cáncer cuando se hace esta analogía de manera tan simplista. Si tengo un constipado tengo que estar descansando, limpiándome; me doy el permiso para reflexionar, para pensar. A veces, cuando estamos esa semana en casa sin poder salir a causa de una fiebre alta, salimos muy regenerados. Es el momento de empezar a cambiar cosas de sitio o, sencillamente, de mandar a la basura aquello inservible. Aunque, por cierto, en una enfermedad como el cáncer, y ahí es donde se diferencia de un constipado o una bronquitis, la limpieza es mucho más profunda. Levantar los muebles de la casa se hace de una manera mucho más vital. –¿Tengo que analizar el ayer para comprender lo que me está ocurriendo hoy? –En ocasiones sí; pero no hay que traumatizarse con el ayer. Si no vemos la causa en un ayer no ocurre nada. Vamos a empezar a crear pautas desde ahora, y el ayer se irá por sí solo. No siempre es necesario levantar demasiada polvareda. –Queda claro que el cáncer es una oportunidad. Pero ¿qué lo provoca, específicamente? –El cáncer es multifactorial. Ahora hay mucho libreto operístico que da demasiada buena nota a decir que todo es emocional. No; no todo es emocional. Lo que sí que la emoción es el desencadenante último que nos lleva, probablemente, al cáncer. Pero es multifactorial, y puede ser motivado por modelos de vida que estemos teniendo. No nos vamos a engañar: hay distintos tipos de cáncer de pulmón, pero en el 80% de los casos de cáncer de pulmón el carcinoma fundamental es el tabaco. No el tabaco de pipa necesariamente, o el puro bien cuidado de hoja (que también tiene su efecto), sino el cigarrillo común, al que le meten cuarenta productos cancerígenos y 200 aditivos que poco saludables son para nuestro organismo. El factor tabaco no está afectando solamente a un cáncer de pulmón, sino también a un cáncer de esófago, de colon, de páncreas o de próstata. De los diez cánceres fundamentales, cinco tienen relación con ser adictos al tabaco. “Pero hay otros factores: la mala nutrición, dormir poco, el estrés, etc. Todos ellos nos llevan a un potencial momento de desencadenamiento del cáncer. –¿Nos puedes hablar más de los desencadenantes emocionales? –Sí. Por ejemplo, la falta de autoestima es vital como desencadenante del cáncer; cuando siempre necesitas al otro. Crea cierto tipo de cánceres esta manera de despreciarte a ti mismo, de no encontrarte a ti mismo y estar en brazos de unas personas y de otras porque necesitas la referencia, o la identidad del otro, para tú sentirte vivo. “También, como decía el radiólogo Dr. Simonton en los años 60 (y no ha variado el análisis), tenemos más posibilidades de contraer un cáncer entre 18 meses y dos años después de haber experimentado un conflicto determinado. Estamos hablando de la amargura resultante de la falta de trabajo, o de una mala relación, o de un divorcio, o de un desarraigo con los hijos… “Así pues el desencadenante es emocional, pero las causas subyacentes evidentemente son modelos de vida, de comportamiento. Por eso es tan importante que tengamos una elevación de conciencia. Así será mucho más complicado que lo contraigamos. –¿El tan común cáncer de mama? –Ahí hay una relación emocional increíble. En las mujeres, el cáncer de mama y el vaginal tiene que ver fundamentalmente con desencuentros en la familia; o bien con los padres o bien con el cónyuge. Ambos tipos de cáncer tienen que ver con los afectos íntimos. Padres con patrones como los que nos han educado, sobre todo la figura del padre, o cuando la mujer tiene un esposo dominador, que desprecia a la mujer. Ahora bien, como que lo que yo trabajo es la excelencia de lo espiritual en todo, no vamos a echar la culpa al hombre, ni a la mujer (el cáncer de próstata puede venir de un problema de relación con la esposa). Habrá que tomar cartas en el asunto, pero no culpabilizar al cónyuge. Nosotros somos los responsables; ¡no los culpables! –Supongo que a veces puede ser difícil que nos veamos a nosotros mismos las causas… –Tenía yo solo ocho años cuando a mi madre la habían operado de su cáncer y decía a mi hermana, que era muy revoltosa, que no se comportase de ciertas maneras, porque tenía conciencia de que los disgustos podían reactivar su cáncer. Nadie me lo había dicho, pero tenía conciencia de la fragilidad de su estado. Escuchando a nuestra alma sabemos qué es lo que produce un cáncer. Escuchemos a nuestra alma, que es muy sabia; tengamos cinco años o tengamos 105. No hay más que interiorizarse, desapegarse de lo superfluo, de la toxemia social. Cuando estamos con nosotros mismos en ese vacío maravilloso de la existencia, empezamos a reconocer qué nos pasa y cómo tenemos que operar. –La medicina convencional no va a ver las causas del cáncer, ¿verdad?; los médicos van directos a resolver el problema a su manera… –No les interesan las causas. No les han educado para eso. Yo he dado seminarios para médicos y enfermeras. Las enfermeras son mucho más conscientes, curiosamente; están más cerca del paciente. El médico no trata con el paciente, lamentablemente; el mundo sanitario está desamorado; es un mundo desapegado. Esto no quiere decir, y esta es también mi bandera, que al enfermo de cáncer haya que estar mimándole o riéndole las gracias. No. Hay que darle el apoyo que necesita. Y el mundo sanitario no tiene la capacidad de dar este apoyo; por miedo, por falta de conocimiento, porque no les han enseñado… Esas son las nuevas asignaturas que tienen que entrar en el campo pedagógico de la carrera de medicina. ¿Cómo comportarnos con un enfermo de cáncer? ¿Cuáles son las posibilidades para ayudarle? –¿Y existen muchas posibilidades? –Tenemos un abanico enorme. Si el campo convencional, alópata, considera que la radio y la quimio son buenas, vamos a dejarlo ahí como un punto de referencia. Pero ¿qué otras referencias tiene el médico? Pues tiene una batería enorme. Eso es lo que hay que incluir en las facultades de medicina: otras posibilidades, para que puedan jugar con ellas. Existen respuestas desde campos también químicos, pero no químicos sintéticos, sino bioquímicos, que funcionan maravillosamente bien. ¿Acaso tú puedes asegurar que con 20 sesiones de quimioterapia, o 30 de radioterapia, esa persona va a sanar? No; es una opción. Experiencia limitada, porque la verdad es que los números no nos salen. Vamos a ser todos un poco humildes, a dejar el ego, y a incorporar otras herramientas. La responsabilidad ¿quién la tiene?, pues la tenemos todos. Los de una parte con la otra. Nadie va con mala fe, pero sí con demasiada prepotencia. Y hay que dejar la prepotencia. Entonces yo, aunque digo ‘no’ a la quimio y a la radio desde un punto de vista filosófico (para mí constituyen una invasión), no digo al enfermo que no tome quimio ni radio. A no ser que vea posibilidades en ello, y siempre trabajando en un marco de tiempo. –¿Posibilidades según la personalidad del paciente…? –Sí, y según el punto de evolución en que se pueda encontrar el tumor… Igual necesita algo paliativo, químico, de momento, fusionándolo con otras muchas cosas. Será en casos contados (un 5% como mucho). –¿Qué opinas de las operaciones para extraer tumores? –La inmensa mayoría no se necesitarían. Los cánceres pueden disolverse de maneras muy distintas. Pero claro, hay que tener tiempo. Puede ser que haya un tumor de tal magnitud que esté creando una toxemia muy grande… En esos casos podemos creer que bioquímicamente podemos deshacer ese tumor si tenemos tiempo y si la persona afectada tiene mucho empuje. Se necesita que el ser humano sea muy potente para que diga “¡eso fuera!”; entonces puede haber lo que llaman ‘remisiones espontáneas’. Aunque en este caso yo no hablo de remisiones espontáneas; es un convencimiento pleno de que decido no morir. Es ¡decidirse a no morir!, y a luchar, desde adentro, biológicamente, con esa enfermedad. ¡No contra esa enfermedad!, sino con esa enfermedad. Porque esa enfermedad, repito, es un mensajero. –Cuando dices que tenemos que crear nuestros propios bioquímicos, ¿de qué bioquímicos estás hablando y cómo los generamos? –Estamos hablando de todo lo que nuestro cuerpo puede hacer funcionar. ¿A través de qué? El alma está en todo nuestro cuerpo, y la podemos colocar donde queramos; vamos a colocarla en el cerebro en este caso. Esto me va a dar mucho más empuje, poder, fuerza. Voy a plantearme, desde el alma, qué es lo que soy, de dónde vengo, a quién pertenezco, qué es lo que hago en esta vida… Cuando me planteo todas estas preguntas con el cerebro racionalista y mi alma converge, está de acuerdo, empiezo a funcionar. “El cerebro es la maquinaria perfecta donde elaboramos todos los procesos bioquímicos y que nos ha de permitir llevar todo lo que queramos a cualquier parte de nuestro cuerpo. Somos una ramificación; desde la hipófisis podemos trabajar todos los sistemas nerviosos de todos nuestros órganos. Desde el cerebro accedemos, mediante el pensamiento, la visualización, la acción, la claridad de objetivo, ¡la pasión!, a nuestras células. Cada una de ellas es un ser pensante que va a hacer combinaciones, procesos de síntesis, para desintoxicarse. Así pues voy a empezar a visualizar y a enviar información, mediante los transmisores, los neuropéptidos, a esas células a las que necesito acceder, para que empiecen a asimilar un nuevo mensaje. –¿Qué es lo mejor hacer en la visualización? ¿Llenar la célula de luz, atacarla…? –La luz. ¡Pero siempre dependerá de la persona! Depende de lo evolucionada que esté. Igual a nosotros nos ofende la proyección de que vamos a enviar una bomba nuclear a la célula cancerígena, pero tal vez para determinada persona aquello es la destrucción que necesita. Esa forma de pensamiento ahí puede venirle bien, pero un peldaño más arriba ya no viene bien… Porque generalmente tenemos que conectar con lo espiritual para no volver a un cáncer. “En las visualizaciones yo comparto la luz, la luz pura, puramente energética. Pero claro: no solamente es la visualización. Hoy día se dice que la visualización es maravillosa, pero ¿cómo hacer que una visualización sea realmente efectiva? Libros como El Secreto nos están diciendo cosas muy interesantes, pero ¡vamos a prestar atención a lo que realmente significa una intención pasional que movilice hacia una nueva información en una célula tóxica! Tenemos que poner realmente un programa a esta visualización; por eso tenemos que arroparla con mensajes distintos. Hay que trabajar con la conciencia antes de hacer una visualización. Tiene muy poco sentido hacer gratuitamente una visualización si no va arropada de un crecimiento personal. “Hay que llegar a una conciencia de esta sensación cósmica que, aunque no creas en Dios, te da un conocimiento especial de lo que es la vida, el mundo, la trascendencia… Aunque sea la trascendencia de una flor, la trascendencia de la comunidad… Porque el cáncer nos está diciendo que somos nosotros con respecto a los demás, y respecto a la totalidad. Todas las culturas religiosas en estos últimos cinco mil y pico de años nos han dicho esto precisamente: amor para ti, amor para mí, amor compartido, amor unido. Un cáncer no se puede curar solamente desde el exterior hacia el interior ni desde el interior hacia el exterior, sino que el interior y el exterior deben ser uno en sí mismo. –Así pues, cómo se sitúa el individuo en relación con su contexto, con la sociedad, resulta fundamental… –El individuo no es tal sino que es un todo con el resto, con el conjunto. Por eso precisamente en un mundo tan individualizado hay tantos problemas de cáncer. Cuando era un mundo colectivo, socializado, no había problemas de cáncer. Y eso que se vivía en condiciones paupérrimas: con malos desagües, sin agua centralizada de tuberías… Había plagas, parásitos, ¡mil cosas! (que tanto lleva, el mundo de los parásitos, al cáncer; es uno de los factores causales.) “El momento en que digo “yo me hago autónomo, y no te necesito a ti, ni al otro, ni al otro”, empiezo a desarraigarme, a desnaturalizarme. Porque lo natural es la fusión. Lo desnaturalizado es la desintegración. “Si queremos desarrollarnos hacia una sanación completa, hacia no volver a caer en una recidiva de cáncer o de cualquier otra cosa, me da igual, significará que hemos crecido en esos ámbitos ¡de colectividad! Nos hemos juntado, nos hemos asociado, hemos empezado a no juzgar, a no aparentar, a no mentir, a no engañar, a tener una ética interior espiritual ¡sin dogmas ni principios! Fuera el dogma, fuera el principio, porque el dogma y el principio crean el cáncer, los cánceres de la vida. Me da igual si hablamos de un cáncer orgánico o inorgánico. Cuando no nos comparamos, no juzgamos, no envidiamos…, y vivimos auténticamente, en una autorrealización de autoestima profunda… pues no tenemos un cáncer. En general, ojo. Porque también nos podemos morir de un cáncer y ser muy espirituales; no vamos a magnificar ahora que si somos muy espirituales no cogeremos un cáncer… Porque el cáncer tiene muchos mensajes. Pero el 90% de los cánceres nos dan un mensaje de que nuestra vida no funciona bien. –¿Cuántos cerebros tenemos en el cuerpo? ¿Cómo podemos usar este conocimiento a favor de nuestra salud? –Está el cerebro primitivo, reptilíneo, que es el de la acción inmediata, el cerebro de huida. Este cerebro la mayor parte de las veces, en este mundo de tanta buena educación, en que se lleva tanto lo políticamente correcto, lo tenemos muy reprimido. Y sí que es cierto que la mayor parte de las veces hay que tenerlo… no reprimido, sino sanamente controlado. Pero también hay momentos en que hay que sacar el cerebro primitivo a la vida social. ¿Cuando qué? Cuando hay una violencia de género, cuando se nos está tratando mal psicológicamente, cuando estamos viviendo unos modelos insostenibles de comportamiento por parte de otros ¡pero también por parte de nosotros mismos!, cuando asumimos indebidamente todo lo que nos llega, así como nuestros procesos interiores. “No necesitamos pegarnos con nadie, pero sí sacar la energía de supervivencia que nos está induciendo el cerebro reptilíneo. Cuando la escondemos, tenemos una vida mucho más infeliz. Así que vamos a aprender a confrontarnos con los demás. No hace falta ser violento, pero sí decir: “no voy a pasar por el camino que tú me estás diciendo, porque no me estás ayudando para curarme”, o “no me estás ayudando para ser más feliz”. El cerebro reptilíneo me ayuda a vivir una vida aquí y ahora con verdadera autenticidad. Hay gente que se muere porque se dice a sí misma que no puede cambiar de vida. Esta gente no actúa con el cerebro reptilíneo en absoluto. Prefiere morirse de un cáncer antes que decir: “lo mando a la porra todo; yo tomo el camino del medio, porque es mi camino y es mi vida”. Qué pena que no lo utilicemos, cuando nos puede dar la llave de la recuperación y nos puede llevar a un potencial de sanación infinitamente mayor que si no lo utilizamos. “Por eso es importante que nuestro cerebro primitivo, el reptilíneo, el basal, esté lo suficiente- mente expuesto hoy día en nuestra sociedad; no solamente para decir “aquí estoy”, sino también para defender el mesencéfalo o cerebro medio (el cerebro medio límbico) y el neocórtex (el lóbulo frontal). Si sacamos el cerebro reptilíneo éste va a modular a los otros dos. Los tres se van a ajustar. “El cerebro medio, el límbico, es el emocional. Si prevalece demasiado, si está desajustado, cualquier cosa nos sobrecoge, nos afecta, nos arroba…, nos maneja. Nuestras emociones nos llevan al desastre: no sabemos procesar un problema, ni enfrentarnos a una situación; evidentemente tampoco sabemos tener unas buenas relaciones de pareja… Nuestras emociones hay que trabajarlas. El cerebro reptilíneo nos ayuda; por eso hasta la medicina actual más retrógrada te puede decir: “a correr, a correr; usted vaya al gimnasio y cánsese”. Bueno, pues esa manifestación tan sencilla es cerebro reptilíneo. Porque tú con eso vas un poco a dominar la sustancia química límbica. “El cerebro superior, que tiene cuatro días, nos va a producir la capacidad de razonar las cosas, de sopesarlas. Ya lo sabemos todos; es el cerebro de la consciencia. Pero si solamente tuviera- mos ese cerebro nos volveríamos locos. No tendríamos pasión; probablemente existirían muchos suicidios, porque ¿para qué valdría la pena vivir? El cerebro racional te dice: “dos y dos son cuatro”. Si dos y dos son cuatro y yo tengo tres, me falta uno, ¿no?; pues no quiero vivir, y me pego un tiro. Sería una manera de pensar meramente matemática, analítica, donde no habría lo emocional para sopesar lo racional, ni lo primitivo para proporcionarnos el instinto de la supervivencia. –¿Hay alguna carencia vitamínica concreta que se pueda asociar con el cáncer? –Por supuesto. Si una persona no tiene los suministros adecuados de vitamina A, C, E y K, probablemente tendrá diferentes tipos de tendencias que podrán ayudar a que salga esta enfermedad. Todas estas deficiencias vitamínicas crean en nuestro organismo un deterioro de nutrición en los órganos. Si hablamos de que el cáncer es multifactorial, si tenemos unas carencias vitamínicas, de minerales y de oligoelementos lógicamente esto nos va a llevar a ser proclives a un cáncer. También siempre digo lo mismo: podemos comer muy mal, podemos estar en condiciones infrahumanas… pero si somos felices, la carencia de las vitaminas no va a ser tan importante. Pero bueno, vamos a ser sensatos, vamos a utilizar el lóbulo frontal y vamos a decir que realmente tiene una gran importancia la dieta, y por lo tanto todo lo que la compone. –¿Qué nos puedes decir pues en relación con la dieta? –Para mí los procesos de cáncer tienen que ver con una limpieza. En el ámbito mental, en la conciencia (es decir, empezar a coger una esencia de la razón de nuestra vida). Entonces, todos los parámetros, todas las ideas, toda la información antigua que teníamos la tenemos que desechar. Tenemos que cambiar nuestra personalidad, seguramente, o quedarnos solamente con aquello que realmente es útil. Tendremos que modificar todo lo conductual. Y, muy importante, tendremos que creer que nos vamos a curar. Estas son las mejores dietas, para mí. Además de eso, vamos a colaborar con una buena dieta alimenticia, por qué no. “Para una persona que tiene cáncer sería adecuado eliminar la carne, los lácteos, los pescados, los azúcares, las grasas saturadas, los huevos… Propongo una dieta oncológica en que tenemos que estar libres de las proteínas (y el huevo también tiene proteínas. Si tenemos que tomar un huevo, que sea pasado por agua.) A partir de ahí tenemos para comer todos los cereales, todas las legumbres, todo el mundo de las algas.. Podemos ser vegetarianos, macrobióticos, y darnos algún capricho de vez en cuando, porque no queremos bloqueos interiores que van a perjudicar más la información celular que si te comieras aquello que deseas. Si te apetece, una vez al mes, o cada mes y medio, te puedes tomar un buen solomillo, o unas lonjas de buen Jabugo, o marisco… No conviene que el tema de la dieta se vuelva algo obsesivo. “No vamos a dar dulce a la persona con cáncer. El azúcar refinado, eliminarlo; incluso el integral diría yo. El cáncer se alimenta del dulce. “Previamente a la dieta habremos hecho una limpieza del colon. –Además de todo lo que hemos hablado, haces un trabajo con la energía… ¿Cómo lo haces? –Conecto con la energía universal y la imparto. Voy moviendo mis manos por encima del cuerpo de la persona y en aquellas zonas donde Dios, el Universo, la sabiduría cósmica, me está diciendo que me pare, me paro. Y empiezo a jugar con esa energía ahí, y modifico toda la información celular del órgano afectado. –Las regresiones a vidas pasadas ¿cómo contribuyen? –No es un tema determinante, porque el 80% de las cosas son aquí y ahora; hablar de vidas pasadas no tiene mucha razón de ser… Pero en un 20% de los casos sí que es muy significativo. Así pues por si acaso vamos a ir, ¿no? Entonces con un trabajo de hipnosis, en un estado alfa pero con ondas theta, vamos a conseguir que la persona empiece a contarnos otras vidas. Igual la primera vez no, la segunda tampoco… Es un trabajito que vamos a ir haciendo poco a poco, sin agobiar al paciente. Pero también puede ser una regresión dentro de nuestra vida presente hasta que tenemos cero años, o hasta que estamos en el útero materno… Las regresiones nos van a dar información acerca del sufrimiento de nuestra alma, e incluso la lección que tenemos que aprender. Aunque parezca duro decir esto, quién sabe si hemos escogido tener el cáncer con el fin de aprender algo... –¿De qué nos falta hablar? –De la humildad. Es la base de todo. Hay que eliminar el ego. Primero hablar con él un ratito, y luego eliminarlo. Para tratar un cáncer, si bien es cierto que tenemos que utilizar el cerebro primigenio para defendernos…, al final nos tenemos que abandonar. Abandonar al Universo, a lo divino. Si nos abandonamos a lo divino, ahí no tiene que haber ego. Cuando hay ego hay apego, y cuando hay apego hay miedo. Y el miedo es como el azúcar para el cáncer. No podemos decir “quiero curarme de un cáncer” y mantener prepotencia, necedad, estupidez, arrogancia, el concepto de que soy el mejor del mundo… La humildad es un fruto fundamental del espíritu. Hay otros: amor, bondad, paciencia, benignidad, apacibilidad, tolerancia, compasión, autogobierno… Pero la humildad no significa que te tengan que meter goles, ni significa que tienes que aceptar lo que otros dicen, ni que asumir pasivamente la situación, ni reprimirte... Más que asumir es mirar hacia adelante. “Pero la humildad tiene un componente mayor: el reconocimiento. Es reconocer, aceptar, humildemente, el porqué estoy así, y qué es lo que tengo que cambiar. Y tengo que ser flexible. Para mí la humildad es igual a flexibilidad. Esa flexibilidad de que me voy a perdonar lo que me tenga que perdonar. Perdonarme yo, perdonar a los demás si tengo que perdonar a alguien. Aunque más que perdonar se trata de aceptar a mi prójimo, de saber transmutar, canalizar lo que ha ocurrido en mi vida. El perdón divino asume que la situación que hay que perdonar realmente ya quedó atrás. Yo, o alguien más, no hemos sabido hacerlo mejor, y vamos hacia adelante. Todo ha sido un aprendizaje. Eso es humildad, reconocer al otro. Que al fin y al cabo es la sombra nuestra; ¡no es más que eso! Tengo que reconocer quién soy, qué es mi mundo, quién es el semejante, y que yo soy igual que mi semejante. Y a partir de ahí viene el cambio. –Nos queda un último aspecto: tienes que realizar un trabajo importante con el enfermo, pero también realizas un trabajo con la persona que va a estar ahí, cuidándole… –Claro. Mi trabajo no es solo con el enfermo de cáncer. Yo voy a los hogares de las personas; con su consentimiento, claro. Tengo una consulta, pero a mi consulta van el 2% de las personas. Normalmente creo que el trabajo que ayuda a fusionar e integrar lo desintegrado, valga la redundancia, es hablar con la esposa, o con el esposo, con los hijos… Ver el marco en el que se desenvuelve el enfermo. Ver incluso las geopatías, las energías que se están moviendo. Y los bajos astrales, que a veces están a niveles muy sutiles y pueden estar ocasionando enfermedades… Lo tenemos que ver todo. –El principal desafío que habrá con los familiares en muchos casos ¿será evitar el ‘pobre de mí’ del enfermo? –Sí; la autocompasión es otro alimento, al igual que el azúcar, al igual que tantas otras cosas, para el cáncer. Vamos a trabajar por la dignificación del enfermo, por el potencial del enfermo, por la revalorización del enfermo, y aumentar todo su potencial al máximo, que lo tiene mucho. Por eso hay que tocar la parte consciente y la parte inconsciente. Tenemos que tocar la parte vigílica y también la parte interior, la parte del trauma, que en ocasiones está también dentro de la familia. Porque lamentablemente los mayores cánceres se desarrollan en las familias. Vamos a ayudar a las familias, no solamente a cómo tienen que ayudar al enfermo, sino también a ver qué problemas tienen, cada uno de los miembros, que hayan contribuido a esa enfermedad (sin culpabilizar a nadie). Vamos a sanar las relaciones familiares. Esto también es vital.
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