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jose luis
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Teresa, con la más cordial de mis intenciones, voy a tratar de explicar mi postura. Estoy absolutamente de acuerdo contigo en que: “Hemos de trascender la rabia, la impotencia, la culpa etc etc”. Para después renacer a una Nueva Vida en la que ya todo eso a sido superado y aceptado”. ¡Yo pienso lo mismo! Vaya por delante con toda sinceridad, y con la trascendencia espiritual que esta afirmación significa para mí, que siento superados y aceptados el fallecimiento de mis dos hijos. Enterré a mi hija hace ocho años, convencido que ELLA ya había desparecido en LA NADA. Mis creencias eran las que establece el materialismo científico en vigor. Hoy, SÉ que estaba equivocado. Y SABER eso, ha sido el descubrimiento más INMENSO que jamás hubiera podido imaginar: ¡Mi hija, mi hijo, nuestros hijos e hijas, amigos, padres, madres y parientes, TODOS VIVEN! ¡La muerte es MENTIRA! ¡Nada muere! Pero ambos duelos han sido muy distintos. Entre uno y otro ha habido un cambio fundamental; ahora sé que están VIVOS –de la misma manera que, por lo visto, lo da por hecho mucha gente. Me gustaría que se hiciese una encuesta para saber qué opina la gente de lo que significa “morir”, porque yo creía que la mayoría pensaría lo mismo que yo, sin embargo, por lo que voy viendo, parece que no. Parece que son muchas las personas que cuando se despiden de sus seres queridos, no lo hacen “para siempre”, sino “hasta más adelante.” El caso es que yo viví la pérdida de mi hija sin ninguna esperanza de “algo más”, y descubrir mi error, produjo en mi ánimo tal Alegría que podría decir que supuso superar más del 90% de Mi Dolor. No pretendo medir el dolor, pero es que no sé explicarlo mejor. Por supuesto, no fue un “descubrimiento” repentino e indudable y el temor a “agarrarme a un clavo ardiendo” no me dejaba avanzar tranquilo. Algún día trataré de contar algo qué semejanzas y diferencias he observado ante el fallecimiento de cada uno de mis hijos. Cómo viví la muerte de mi hija y cómo he vivido la de mi hijo ocho años después. Cómo ha sido el camino de duelo en un caso y cómo ha sido en el otro, explicará mejor lo que quiero decir. Al fallecer mi hija, comenzaron a suceder diversos acontecimientos, todos guardaban, de alguna manera, relación con la niña. No, no ha sido que he querido interpretarlo así. Cuando ves con tus ojos, desplazarse objetos, sin ninguna fuente que los anime… pues lo estás viendo, lo crean o no lo crean. Y, si científicamente es inexplicable, no es que no esté pasando, sino que la ciencia aún no lo puede explicar, así que negarlo es, a mi modo de ver, la actitud más anticientífica. Qué triste, qué duro, cuánto tiempo dando palos de ciego, buscando alguna explicación… ¡Claro!, pero no la iba a buscar en algo parecido al “circo” que presentan los medios de comunicación todo lo que se sale de las creencias materialistas. Lo mío, lo que yo buscaba, era mucho más serio que todo eso y pasaron meses antes de conocer a Dulce, una madre que coordinaba el grupo de duelo Alaia. Gracias a ella supe de la Vida después de la muerte. Descubrí que había bibliografía seria sobre el tema. Eran libros en los que contaban sucesos iguales o semejantes a los que nosotros estábamos observando en mi casa. Hechos que tenían relación con los seres queridos desaparecidos tras el velo de la muerte y que se manifestaban demostrando que seguían vivos. Desde ese descubrimiento esencial para mí, partió el camino hacia la superación y, finalmente, aceptación de mi proceso de duelo. Mi mujer partía de esa esperanza que, como digo, parece ser que tiene la gente cuando se despide de los seres queridos. Quizá ella no necesitaba nada más para volver a tener ilusión en vivir, aunque no lo creo. Si hay quienes tienen suficiente con una esperanza fundad en la fe me parece genial, pero ese no era mi caso. La verdad es que tampoco elegí el camino. Los hechos se sucedían y., aunque hubiera sido solamente por curiosidad intelectual, tenía que encontrar qué significaban unos acontecimientos que se salían de lo que científicamente explicable. De hecho, no sabía adónde me llevaría, pero sí era consciente de que estaba caminando hacia el encuentro con mi hija, y eso era un estímulo suficiente como para avanzar sin miedo. ¡Qué miedo! ¿Miedo a qué? ¿A los muertos? ¿A mi hija muerta? ¿A volverme loco? ¿A que gente malvada se pudiera aprovechar de mi sufrimiento? ¿Al qué dirán? ¡…Miedo a qué, si “algo” relacionado con mi hija está en la esa dirección! Paso a paso, hasta descubrir que sigue VIVA independientemente de mí. Que no es el eco de un recuerdo que retumba en mi corazón y que se apagará con mi muerte. Que sigue con su propia existencia y que para ella, la muerte no ha sido ninguna desgracia. Ahora ya sí puedo conseguir aceptar lo sucedido. Ahora, pensando más en la Alegría de su Nueva Vida que en mi dolor por su ausencia, tengo los elementos que me van a permitir, no sólo integrarla de nuevo en mi vida casi como antes, sino además, encontrar sentido a determinadas circunstancias de la vida que antes sentía como extremadamente absurdas en injustas. Sí, la he encontrado… Encontré a la que estaba muerta… y con ella a una Inteligencia Amorosa que tiene todo controlado. No es que haya superado mi duelo, sino que ahora me considero una persona feliz.
Yo no sentía a mi hija en mí. Es más, cualquier sentimiento semejante me hubiera hecho dudar más aún que cuando palpaba sensorialmente un hecho que intuitivamente relacionaba con mi hija. Yo era de los que tienen que “ver”, como dicen los escépticos. Yo no sentía a mi hija y creía que estaba muerta. Claro, sería mucho mejor no sentir así, pero considerando que creía que La NADA la había engullido, ¿podía sentir de otra manera? ¿Se puede llegar a superar y, más aún, aceptar la muerte de un hijo, creyendo que ha DE-SA-PA-RE-CI-DO? Supongo que sí, pero no en mi caso. Lo que me pasa a mí ¿es frecuente o le pasa a poca gente? De cualquier manera, lo cierto es que Mi proceso empezó a evolucionar positivamente a medida de que iba convenciéndome de lo contrario. Insisto que mi mayor dificultad ha sido el temor a caer en algo semejante a “agarrarse a un clavo ardiendo”. Leía, compartía con otros padres, asistía a conferencias. Conocí a un amigo que desde su fe católica, no solo creía en la Vida después de la muerte, sino en la realidad de “La comunión de los santos”. Sobre eso ya hemos hablado en el foro. Cada vez encontraba más información. Conocí por Internet a “El Movimiento de la Esperanza” www.convivium-roma.it. Pasaos por la página y observad la enorme cantidad de testimonios y estudios que relatan. Se puede conectar con ellos. Tienen una página en español.
Mi intención es contar mi proceso de duelo. Compartir lo que he descubierto y que tanto me ha ayudado, con la esperanza de ser útil a otras personas. Entiendo que no sirva para todos. Que haya quien opine que debería bastar con la fe, como entiendo que haya a quienes no les entre en la cabeza la vida después de la muerte y mucho menos una posible comunicación con el que ya NO EXISTE. Igualmente, hay personas que les ayuda en su proceso de duelo y de Vida, mantener un contacto saludable y por lo tanto terapéutico con los seres queridos. Hay quienes no necesitan más para conseguir superar y aceptar su duelo, pero hay quienes requieren otros procedimientos. La experiencia que llamo El vuelo de la mariposa, está siendo muy efectiva terapéuticamente hablando, no sólo para el proceso de duelo, sino –y esto va a depender de cada cual-, además, abre la puerta a la realidad sutil de la Vida: La realidad de la energía espiritual. Para mí, eso no es refugiarse en ningún más allá -que por otra parte la experiencia me está demostrando que no es nada malo-, sino comprender lo que es la muerte en realidad y con ello encontrar sentido a la vida. No es un refugio, sino un Conocimiento valioso que puede sirve a la gente para trascender y sublimar el sufrimiento de esta parte de la vida. En todo caso, llegamos a la misma conclusión, aunque los caminos hayan sido diferentes. En mi exposición no hay nada oculto; ni son arenas movedizas, ni estoy simplificando lo que significa morir, llegar a esa conclusión sin haber comprobado lo que digo, me parece una opinión prejuiciosa que niega el pan y la sal a gente que piensa no tiene la fortuna de la fe. Bueno, espero no molestar, ¿eh? Un abrazo para todos.
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